Nuestra Historia

(Retrato de un bautismo del siglo 12)

Mi interés por la historia afloró cuando cursaba el séptimo grado. La historia del imperio romano y la civilización griega cautivaron mi mente. La historia se convirtió en mi materia favorita. Sin embargo, mi interés por la historia fue menguando con el tiempo. En los últimos años de la secundaria aquella llama parecía haberse extinguido. No obstante, durante mi tercer año en la universidad tomé dos clases de historia—una sobre el imperio romano y otra de la antigua Grecia—. Durante aquel semestre mi fascinación por la historia renació, al punto tal que decidí estudiar historia —eventualmente me graduaría con grados en psicología e historia. 

Tras graduarme, pensé en profundizar en mi estudio de la historia, sin embargo decidí enfocarme en la psicología. En aquel entonces decidí que era mejor sacar mi maestría en consejería de salud mental, ya que no veía como la historia podía ser útil en mi futuro como pastor cristiano. Nuevamente la historia desaparecía de la escena. Pasarían un par de años… Hasta que llegó el 2018, año en el que me inscribiría en el seminario con el fin de estudiar teología. Curiosamente, en mi primer semestre me tocó tomar una clase sobre la historia del cristianismo. Cuando la clase inició sabía ciertos detalles de la historia de la fe cristiana, pero debo confesar que mi conocimiento sobre el tema era mínimo. 

En ese semestre me sumergí en los textos asignados para la clase. Primero empecé a leer el magistral resumen de la historia de la iglesia escrito por Justo González. Luego estudié las Confesiones de Agustín de Hipona y las Homilías sobre el Evangelio de Juan predicadas por Juan Crisóstomo —conocido como “boca de oro” por su elocuencia como predicador—. El contenido de estos libros abrió mi apetito por la historia del cristianismo y la teología histórica —este es el estudio histórico de cómo los cristianos en diferentes períodos han entendido los varios temas teológicos—. Desde ese momento me propuse profundizar en estas áreas de estudio. 

Durante los últimos dos años, el estudio de la historia del cristianismo y la teológica histórica ha sido un aspecto instrumental en la reevaluación de mis creencias doctrinales. También ha sido una herramienta usada por Dios para envigorizar mi fe. Hoy en día tengo la firme convicción de que todos los cristianos —en especial quienes sirven como pastores— necesitamos conocer la historia de nuestra fe. A continuación comparto cinco motivos por los que considero que necesitamos estudiar la historia del cristianismo: 

1. Nos ayuda a tomar mejores decisiones en el presente

Necesitamos saber de donde venimos para entender quienes somos y decidir hacia donde vamos. Como bien lo dice el Dr. Justo González, “sin la historia el presente resulta incomprensible y el futuro impredecible”. En los anales de la historia los cristianos de la actualidad nos encontramos con las experiencias y la sabiduría de aquellos que ya pasaron por el camino que ahora recorremos nosotros. Sus testimonios y enseñanzas nos advierten sobre ciertos peligros, nos alertan de baches a evadir y atajos que haríamos bien en evitar. La historia del cristianismo es un profundo tesoro que nos enriquece; nos ayuda a encarar el presente con sabiduría y nos permite tomar mejores decisiones de cara al futuro.

2. Nos ayuda a no caer en graves errores doctrinales

Los cristianos en el pasado han tenido que batallar con toda clase de desafío doctrinal. La gran mayoría de inquietudes doctrinales que algunos tienen en la actualidad ya han sido evaluadas por otros cristianos durante el transcurso de la historia. Las páginas de nuestra historia están repletas de predicaciones, homilías, debates y concilios que han ayudado a la iglesia a luchar en contra de la herejía y defender la verdad de las Escrituras. Conocer estos aspectos de la historia ayuda a que no nos desviemos de las verdades cardinales del cristianismo y nos permite mantenernos dentro de los limites de la ortodoxia (sana doctrina). 

Sin un conocimiento básico de la historia de la iglesia, los cristianos y las iglesias locales están más propensas a repetir los mismos errores doctrinales cometidos por otros en el pasado. Existe un sabio refrán que afirma: “Quien no conoce la historia esta condenado a repetirla”. Esto significa, que si ignoramos la historia irremediablemente caeremos en los mismos errores que otros cometieron en el pasado. Nuestra ignorancia del pasado da lugar a congregaciones susceptibles a la misma clase de herejías, errores y engaños tratados con éxito por la iglesia cristiana en el pasado. Sin duda es sabio quien aprende de sus errores y experiencias, pero más sabio aún es aquel capaz de aprender de los errores y experiencias de los demás. 

3. Dios ordena a su pueblo a recordar Sus obras

La historia de la iglesia es la maravillosa historia de Dios obrando fielmente en y a través de Su pueblo. El obrar de Dios no terminó con los relatos del Nuevo Testamento. Durante dos mil años Dios ha hecho obras prodigiosas a través de Su iglesia. Hacemos bien en recordar estos acontecimientos y dar gloria a Dios por su fidelidad. Dios nos invita en las Escrituras a hacer buen uso de nuestra memoria, nos llama a recordar y meditar en sus obras. Por ejemplo, vemos en el Antiguo Testamento que era común construir monumentos o altares, estos servían en ciertas instancias para recordar lo que Dios había hecho en aquel lugar. También, el salmista invita al Pueblo de Dios a recordar las maravillosas obras del Señor (Salmos 9:1, 26:7). Los cristianos de la actualidad repasamos los acontecimientos históricos para recordar la fidelidad de Dios a través de cada etapa de nuestra historia.

4. Nos convierte en personas más humildes

La cultura egocéntrica y humanista del occidente ha permeado nuestra vida espiritual y nuestras iglesias. A tal punto que muchos creen que Dios gira alrededor de ellos o de su congregación. A veces actuamos como si el cristianismo hubiera empezado con nosotros o con nuestra iglesia local. Ignorar la historia del cristianismo nos puede llenar de orgullo ya que fomenta la creencia de que somos los únicos que durante dos milenios hemos hecho las cosas bien. Peor aún, promueve el sentir de que somos la iglesia más pura o la única iglesia verdadera. 

Conocer la historia nos desplaza del centro y nos permite reubicar a Dios como el centro de la historia. Nos ayuda a reconocer que yo, mi iglesia o denominación, no tenemos todas las respuestas y no somos indispensables. Nuestro paso por esta tierra es fugaz, nuestra iglesia local probablemente desaparecerá, pero Dios y Su iglesia eterna prevalecerán (Mateo 16:18). El énfasis es Dios y Su reino, no nosotros y nuestros reinos perecederos. 

5. Encontramos ejemplos a seguir y ejemplos a evitar 

Como seres humanos, Dios nos permite aprender no solo de nuestras experiencias, sino también de las experiencias de otros. Somos parte de una gran comunidad, no islas autónomas. Como ya lo mencioné, aprender de otros es de sabios. Los relatos históricos nos permiten encontrar ejemplos a seguir y desaciertos que no nos podemos dar el lujo de repetir. Hacemos bien en aprender de nuestros antepasados espirituales. Los personajes que encontramos en las páginas de la historia del cristianismo no eran perfectos, todo lo contrario, fueron hombres y mujeres sujetos a pasiones semejantes a las nuestras (Santiago 5:17). Eran personas pecaminosas como nosotros. No debemos idolatrarles, pero tampoco es sensato ignorar su legado. Imitamos su ejemplo en ciertas áreas, mientras que en otras tomamos sus errores como advertencias. En mi caso, observar como Dios por su gracia se sirvió de pecadores redimidos, me da esperanza, me alienta, me motiva a seguir corriendo la carrera de la fe, pues me recuerda que el poder de Dios se evidencia en nuestra debilidad. 


Recursos recomendados (introductorios)

  • Historia del Cristianismo — Justo González
  • BITE — esta es una organización paraeclesial que buscar reflejar la imagen de Dios a través de la publicación de contenido multimedia sobre el pasado y el presente de la Iglesia del Señor en plataformas digitales.

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