No desperdicies tu 2020

En menos de 48 horas nuestros calendarios darán la bienvenida a un nuevo año. En esta época es común elaborar metas y planes para el año que está por iniciar. En círculos cristianos, se suele escuchar frases como: “incluye a Dios en tus planes” o “consagra tus metas al Señor”. Estas, y otras frases similares, abundan en nuestro léxico y redes sociales. Pero quisiera que juntos reflexionemos en esta pregunta: ¿cuál debe ser el rol de Dios en nuestras metas y proyectos?

Para responder esta pregunta con eficacia quizá sea pertinente antes responder otra pregunta: ¿cuál es el propósito de nuestra vida? La evidencia bíblica nos ofrece una respuesta clara y contundente: Fuimos creados para glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre (Sal. 86:9; Is. 60:21; Ro. 11:36; 1 Co. 6:20; Ap. 4:11; Sal. 16:5-11; Sal. 144:15; Is. 12:2; Lc. 2:10; Fil. 4:4; Ap. 21:3-4).[1]

Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén. 

Romanos 11:36

¿Qué es la gloria de Dios?

La Biblia es muy clara, debemos hacer todo para la gloria de Dios (1 Co. 10:31). Aquí encontramos un leve obstáculo, y es que muchos de nosotros no entendemos que significa la gloria de Dios o cómo podemos glorificar a Dios. Estos son conceptos que merecen una explicación extensa y detallada, pero intentaré definir estas ideas en un par de párrafos:

La gloria de Dios es el resplandor del valor, la hermosura y la grandeza de Dios. El Dios Trino es perfecto, santo, hermoso, atractivo, deseable. Dios es, en una sola palabra, glorioso. Dios está en una categoría por sí solo por eso Dios es Santo. Cuando afirmamos que Dios es Santo, estamos diciendo que Él es único, apartado, diferente, separado de todo y de todos. Se puede definir la santidad de Dios como su pertenencia a una clase única, en Su perfección, grandeza y valor. La santidad y la gloria de Dios están íntimamente ligadas, la gloria de Dios es la belleza manifiesta de Su santidad. La gloria de Dios es Su santidad hecha palpable y visible. 

Dios creó, sustenta, gobierna y salva con el propósito de revelar su gloria. Así como los cielos cuentan la gloria de Dios (Sal. 19:1), nosotros, junto a toda la creación, existimos para reflejar y manifestar su gloria. Glorificar a Dios no significa que podemos añadir a la gloria de Dios (Is. 48:11; Hch. 17:25). Nosotros no podemos hacer que Dios sea más glorioso, más santo, o más maravilloso. Sin embargo, si podemos, y debemos, reflejar o revelar su gloria. Como seres humanos hacemos algo para la gloria de Dios cuando mostramos a través de nuestras vidas la santidad, el carácter y el valor de Dios.[2]

Metas que glorifiquen a Dios

Cuando el Espíritu Santo talla estos conceptos en nuestro corazón sí o sí se produce un cambio de paradigma en nuestro interior. Para un cristiano Dios no es alguien o algo que se añade a su proyecto de vida. Jesucristo no murió para mejorar nuestras vidas, su muerte nos da una nueva vida, una nueva identidad, un propósito radicalmente distinto al que teníamos antes de aceptar el evangelio. Dios no se conforma con que solo le incluyamos en nuestras metas o en que le involucremos en nuestros planes; Dios desea que todo en nuestras vidas tenga como fin Su gloria. Para una persona que ha nacido de nuevo el eje o centro de su vida es la gloria de Dios. Todo lo que hace fluye de un corazón que vive para la gloria de Dios, no para su propia gloria o su propio beneficio. 

Como cristianos el éxito en nuestra vida no radica en lograr todo lo que nos proponemos. Irónicamente, podemos alcanzar todas las metas que nos formulemos y fracasar rotundamente como Hijos de Dios. Si vivimos para fines que no tienen en su esencia el glorificar a Dios, estamos desperdiciando nuestra vida.

Nuestro paso por la tierra es breve, la vida es un vapor, el tiempo es escaso, los años se van volando; seamos sabios y no desperdiciemos el 2020. Te motivo a invertir este nuevo año, y toda tu vida, en reflejar y disfrutar su carácter, su valor y sus atributos. Un año bien vivido será un año vivido para la gloria de Dios. 

Que la gracia de Dios esté con ustedes y que juntos glorifiquemos a Dios en el 2020. 


[1] Respuesta a la primera pregunta del Catequismo de Westminster.

[2] Estos dos párrafos se los debo en gran parte a John Piper

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