Características de una Iglesia Saludable

La salud es importante. La ausencia de salud limita nuestro funcionamiento y disminuye nuestra capacidad de desempeñar ciertas actividades. Nuestra salud influye nuestra calidad de vida y longevidad. Cuando los problemas de salud se agudizan la muerte no tarda en llegar.

Todos sabemos sobre la importancia de la salud física. Y cada vez, gracias a la reciente proliferación de la literatura que promueve el cuidado y mejoramiento de la salud mental, somos más conscientes de la importancia de la salud mental. En cada esfera, en cada organismo, en todo lo creado por Dios, la salud es importante. La iglesia no es la excepción.

Jesucristo estableció su iglesia con un propósito, y solo las iglesias locales sanas pueden cumplir efectivamente con aquello ordenado por Cristo. Podríamos definir una iglesia sana como una congregación que refleja cada vez más el carácter de Dios como ha sido revelado en su Palabra. Las iglesias sanas buscan continuamente conformarse a las Escrituras.[1] Por otro lado, las iglesias malsanas no glorifican a Dios y eventualmente se fracturan, o se secan y mueren. Es imperativo que todo miembro de la iglesia y todo pastor procure que su iglesia local sea una iglesia sana.

Evaluar la salud de una iglesia local puede ser una tarea confusa, especialmente en una sociedad pragmática y obsesionada con los números. Es fácil dejarnos seducir por los estándares de nuestra cultura y descuidar aspectos que son delineados en la Palabra de Dios. A continuación trataremos nueve características o marcas que distinguen a una iglesia sólida, sana y bíblica de las iglesias enfermizas.[2] Estas marcas –propuestas por el ministerio 9Marks– no son exhaustivas y evidentemente no abarcan todas las cualidades de una iglesia saludable, sin embargo, considero que representan un excelente punto de partida para todos aquellos que anhelamos que nuestras iglesias locales se sometan a las Escrituras y así logren glorificar a Dios.

  1. Un entendimiento bíblico del evangelio (1 Co.15:1-4, Ro. 1-4, Ga. 1:6-9)

El evangelio es el corazón de la fe cristiana, sin evangelio no hay cristianismo. Toda la Biblia nos apunta a Cristo y su evangelio. La iglesia de Cristo es responsable de presentar de manera clara y bíblica la buena noticia acerca de lo que Jesucristo ha hecho para reconciliar a los pecadores con Dios.

Las iglesias locales no pueden caer en el error de diluir o distorsionar el evangelio, mucho menos predicar “otro evangelio” ni centrarse en otro mensaje o ideología. Un entendimiento bíblico del evangelio es fundamental e influenciará todos los aspectos de una iglesia local (predicación, evangelización, su música, etc.).

  1. Sana doctrina (1 Ti. 4:16, 6:13; 2 Ti. 1:13, 4:13; Tit. 2:1,7)

La sana doctrina es teología bíblica. Es enseñanza que es pura y fiel a las Escrituras. A través de una hermenéutica[3] apropiada todo pastor debe esforzarse por interpretar la Biblia de manera precisa y acertada. Asimismo, los miembros de la iglesia local deben asegurarse de que sus pastores enseñen con fidelidad la sana doctrina.

  1. Predicación expositiva (Neh. 8:8; Hch. 2:14-41, 13:16-47; 1 P. 1:23; He. 4:12)

En la predicación expositiva el predicador toma un pasaje o porción de la Biblia, la explica y luego la aplica a la vida de la congregación. Otra definición que puede ser útil es la siguiente: “Un sermón expositivo es aquel que expone y aplica el verdadero significado del texto bíblico, tomando en cuenta su contexto inmediato así como el texto más amplio de la historia redentora que gira en torno a la Persona y obra de Cristo.”[4]

La predicación expositiva es Cristo-céntrica y se somete al texto bíblico. Los púlpitos no deben ser utilizados para exponer filosofías humanistas, charlas motivacionales, o temáticas pseudoterapéuticas. Dios llama a sus siervos a exponer fielmente Su Palabra, ya que solo la Palabra de Dios predicada en el poder del Espíritu puede convencer, transformar, edificar y dar vida espiritual.

  1. Pluralidad de ancianos (Hch. 14:23, 20:17; 1 Ti. 5:17; Stg. 5:14; 1 P. 5:1-2)

De este asunto ya escribí en una publicación anterior. En resumidas cuentas, el argumento es que a la luz de la Biblia las congregaciones cristianas deben ser lideradas por un grupo de ancianos o pastores. Estos deben ser hombres que cumplan con los requisitos enumerados en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9. Ellos deben encargarse de alimentar mediante las Escrituras a las ovejas de Dios, también son responsables de guiarlas y protegerlas.

  1. Un entendimiento bíblico de la conversión (Mr. 1:14-15; Mt. 4:17; Jn. 3:1-8; 1 Ts. 1:9)

Un entendimiento bíblico de la conversión reconoce tanto el papel de Dios como el papel de las personas en la salvación. La conversión se puede definir como dar la espalda al pecado y volvernos a Dios. Los seres humanos deben arrepentirse de sus pecados y creer en el evangelio de Jesucristo crucificado y resucitado.[5] Solo Dios puede salvar al pecador, darle vida nueva y solo Él puede mover corazones a responder al mensaje del evangelio con fe y arrepentimiento. La conversión no es un cambio superficial o una modificación de comportamientos externos, es una transformación radical, profunda y sobrenatural. La vida de todo cristiano debe evidenciar el fruto de una verdadera conversión.

  1. Un entendimiento bíblico del evangelismo (Mt. 28:18-20; Mr. 16:15; Ro. 1:6, 10:17)

Me encanta está definición: La evangelización es enseñar (anunciar, proclamar, predicar) el evangelio (el mensaje de Dios que nos lleva a la salvación) con el objetivo (la esperanza, el deseo, la meta) de persuadir (convencer, convertir).[6]

Para evangelizar de manera bíblica debemos exponer el mensaje del evangelio de manera completa, esto incluye los aspectos difíciles de digerir como la santidad de Dios, la ira de Dios, arrepentimiento, etc. Una exposición incompleta o distorsionada del evangelio genera confusión y “conversiones” falsas. Una iglesia con un entendimiento bíblico del evangelio no evangeliza de maneras engañosas o manipuladoras, mas bien se enfoca en predicar las buenas nuevas y orar para que Dios produzca fruto.

  1. Un entendimiento bíblico de la membresía de la iglesia (Hch. 20:28; He. 10:25, 13:17; Ro. 12:4-5; 1 Co. 12:21-26)

En un mundo individualista muchos cristianos han aceptado la mentira de que se puede ser cristiano sin ser miembro de una iglesia. Esta creencia no tiene precedentes en la historia de la iglesia ni mucho menos sustento bíblico. Los cristianos tienen ciertos privilegios y responsabilidades bíblicas que solo se pueden disfrutar y cumplir dentro del contexto de la iglesia local. Es aquí donde entra la membresía de la iglesia. Podemos definir la membresía de la iglesia como una relación formal entre la iglesia y el cristiano, caracterizada por la confirmación y la supervisión eclesial del discipulado del cristiano, y la sumisión del cristiano para vivir su discipulado bajo el cuidado de la iglesia.[7] Una membresía clara da estructura a la vida cristiana, nos lleva a renunciar a nuestra pecaminosa inclinación a la independencia y nos constriñe a someternos los unos a los otros.

  1. Disciplina bíblica de la iglesia (Mt. 18:15-20, 1 Co. 5:1-13, Tit. 3:10, 2 Ts. 3:14-15, He. 12:5-11)

En términos generales la disciplina de la iglesia es todo lo que la iglesia hace para ayudar a sus miembros a crecer en santidad y luchar contra el pecado (predicación, enseñanza, oración, discipulado, etc.) En un sentido más específico, la disciplina de la iglesia es el acto de corregir el pecado en la vida de la iglesia. Esta envuelve el posible paso final de excluir a un cristiano profesante de la membresía en la iglesia y de su participación en la Cena del Señor a causa de pecado grave sin arrepentimiento. Esta práctica proviene del Señor Jesucristo y fue reiterada por el Apóstol Pablo.

A través de la disciplina de la iglesia mostramos amor por el individuo disciplinado, expresamos a otros cristianos el peligro del pecado, se preserva la santidad y salud de la iglesia local, se produce un mejor testimonio corporal de la iglesia en nuestra comunidad y sobre todas las cosas Dios es glorificado.[8]

  1. Enfoque en el discipulado y crecimiento bíblico (1 Co. 4:16, 11:1; 2 P. 3:18; Ef. 4:15; Fil. 4:9)

Tras nacer espiritualmente, todo cristiano debe crecer y madurar. El cristiano ha sido llamado a crecer a la imagen de Cristo. Este crecimiento espiritual se puede medir de varias maneras, pero quizá ninguna más importante que el crecimiento en santidad. A través de relaciones de discipulado dentro de la iglesia local y siguiendo el ejemplo de cristianos maduros avanzamos en este proceso de santificación y crecimiento espiritual. El discipulado es un proceso intencional en donde seguimos a Cristo y ayudamos a otros cristianos a seguirle.


En septiembre del 2019 tuve la oportunidad de pasar una semana en Capitol Hill Baptist Church participando en una clase de eclesiología –estudio de la doctrina de la iglesia– y luego en una capacitación para pastores impartida por el ministerio de 9Marks (9Marcas). Agradezco a Dios por este ministerio y por los recursos que ponen a nuestro alcance. A través de este enlace puedes descargar de manera gratuita la serie de libros Edificando Iglesias Sanas.

 


[1] Mark Dever, ¿Qué es una iglesia sana?, 45.

[2] Dever, ¿Qué es una iglesia sana?, 72.

[3] La hermenéutica bíblica es la ciencia de la interpretación de la Biblia.

[4] Sugel Michelen, De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva, 72.

[5] Los aportes del Dr. Thomas Schreiner ayudan a esclarecer este tema

[6] J. Mack Stiles, Evangelismo: Como toda la iglesia habla de Jesús, 27.

[7] Jonathan Leeman, La Membresía de la Iglesia, 79.

[8] Dever, ¿Qué es una iglesia sana?, 123-130.

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