Verdades bíblicas que nos ayudan a sufrir bien

Debo confesar que el último año no ha sido fácil para mi esposa y para mí. Hemos experimentado situaciones adversas y realidades dolorosas. Durante aquellos momentos de aflicción hemos pasado por instancias en las que nuestras emociones nos han jugado malas pasadas y en las que nuestra mente ha divagado por territorios peligrosos. Y es que el sufrimiento es una experiencia teológica y espiritual, que tiende a asaltar creencias profundamente arraigadas y a fortalecer dudas que se esconden en nuestro corazón [1]. Sin embargo, estas vivencias en vez de llevarnos a alejarnos de Dios, nos han impulsado a refugiarnos en Dios y su Palabra.

Durante estos meses Dios me ha llevado a comprender que mi teología, lo que creo acerca de Dios y su carácter, esta íntimamente relacionado con la manera en que percibo y afronto las adversidades. Una mala teología complica y empeora nuestro sufrimiento. Por este motivo, tener una buena teología es indispensable si vamos a sufrir bien. En esta y en la próxima publicación compartiré con ustedes algunas verdades teológicas que han transformado la manera en que mi esposa y yo respondemos al dolor y la adversidad. Espero que estas sean de utilidad y bendición a sus vidas.

  1. En este mundo caído todos hemos de sufrir

Vivimos en un mundo caído que se encuentra bajo el juicio e ira de Dios (Ro. 1:18-32). Desde Génesis 3 en adelante, la Biblia presenta un mundo quebrantado, poblado por personas caídas, donde nada ni nadie funciona de la manera en la que Dios originalmente deseó. La entrada del pecado a nuestro mundo trajo consigo sufrimiento, muerte, enfermedad y destrucción en todas las áreas de nuestras vidas. En este mundo hemos de sufrir (Jn. 16:33). El sufrimiento es una experiencia universal, no podemos evitarlo por siempre, tarde o temprano el sufrimiento toca a la puerta de nuestras vidas. El sufrimiento puede llegar en forma de enfermedades, muertes de seres amados, dificultades familiares, escasez financiera, traiciones, injusticias sociales, abusos, etc.

Nadie, ni siquiera los cristianos, estamos exentos de sufrir. Incluso, a la luz de la Biblia, podríamos argumentar que los cristianos genuinos han de sufrir aun más que la población general (Mt. 5:10-12; Jn 15:20; 2 Co. 1:3-11; 1 P. 3:14; Col. 1:24; 2 Ti. 3:12). El sufrimiento es inevitable en este lado de la eternidad, por eso la Biblia nos enseña que no debemos sorprendernos al hallarnos en momentos de prueba y aflicción. Estos no solo son inevitables, son además necesarios en nuestro proceso de formación como discípulos de Cristo (1 P. 5:10, 4:12-13; Fil. 1:29; 2 Co. 1:5).

  1. Ningún sufrimiento se escapa de la soberanía de Dios

La soberanía se encuentra dentro de los atributos o perfecciones de Dios. Este aspecto de nuestro Señor se enfatiza fuertemente en las Escrituras: Gn. 14:19; Ex. 18:11; Dt. 10:14-17; 1 Cr. 29:11-12; 2 Cr. 20:6; Neh. 9:6; Sal. 22:28, 47:2-8, 50:10-12, 95:3-5, 115:3, 135:5-6, 145:11-13; Jer. 27:5; Dan. 4:35; Is. 46:10; Lc. 1:53; Hch. 17:24-26; Ap. 19:6. Como el Creador del universo, Dios está vestido con autoridad absoluta sobre los huestes del cielo y habitantes de la tierra. Él sostiene todas las cosas con su poder y determina los fines a los que todo lo creado está destinado a servir. Él gobierna como Rey en el sentido más absoluto de la palabra, todas las cosas dependen de Él y están subordinadas a Él [2]. Aunque Él no sea la causa inmediata o eficiente de nuestro sufrimiento, si podemos decir que todas las cosas existen o suceden por su decreto soberano y eterno [3].

Dios es soberano. Él está en control de nuestra vida y de las circunstancias adversas a las que nos enfrentamos. Es cierto que existen fuerzas malignas que buscan destruirnos, pero también es cierto que Satanás y sus secuaces obran con el permiso de Dios y dentro de los límites designados por Dios [4]. Dios es soberano sobre el poder de Satanás. Es Dios, y no Satanás, quien tiene la última palabra. Satanás no es soberano, pero Dios sí lo es. Nuestras vidas están finalmente en las manos de nuestro buen Padre, no en las de Satanás ni en las de ninguna otra entidad [5]. Todo sufrimiento tiene lugar bajo el gobierno soberano de Dios y ocurre en medio de su plan perfecto de redención (Lam. 3:37-38; Amos 3:6; Ecl. 7:14; Job 2:10). Nada surge, existe o perdura independientemente de la voluntad de Dios.

Abrazar la doctrina de la soberanía de Dios, nos confirma que cada evento, cada circunstancia, sea cual sea, tiene un propósito. Nuestros sufrimientos no son fortuitos, siempre hacen parte de los benévolos propósitos de Dios para nuestras vidas. Las Escrituras nos revelan que Dios determina que experimentemos sufrimientos por diferentes motivos: formar el carácter de Cristo en nosotros, sacar a flote lo que hay en lo profundo de nuestro corazón, derrocar los ídolos que hemos entronizado en nuestras vidas, capacitarnos para ayudar a otros en su sufrimiento, santificar a Su iglesia, incrementar nuestra compasión hacia otros, probar la autenticidad de nuestra fe, etc. En ocasiones, por la gracia de Dios, comprenderemos el porqué Dios permite ciertas circunstancias específicas en nuestras vidas. Sin embargo, en otras instancias, Dios ocultará Sus motivos. Aun así, Dios nos llama a confiar en su voluntad perfecta que siempre obra para el bien de sus elegidos (Ro. 8:28; Gn. 50:20; Ro. 5:3-4).

  1. Dios es soberano y a la vez perfectamente sabio y bueno

Saber que Dios es soberano no sería un gran consuelo si no fuera por el hecho de que su gobierno es una expresión de su gloria, amor, bondad y sabiduría. Quien gobierna sobre cada cosa difícil que experimentamos es digno de confianza porque es perfectamente santo, amorosamente sabio y bueno en todos los sentidos [6]. La soberanía divina no es la soberanía de un déspota tiránico, sino de Aquel que es infinitamente sabio y bueno. Debido a que Dios es infinitamente sabio, no puede equivocarse, y puesto que es infinitamente bueno, no hará nada que nos destruya [7]. Ya que Dios no puede desear algo que sea contrario a su naturaleza, sabiduría, amor, justicia o santidad, debemos confiar que cualquier evento que nos acontezca hace parte de un plan divino que glorificará a Dios y nos beneficiará a nosotros (Ro. 8:28; Ef. 1:11; Is. 46:10-11) [8].

Quienes sufrimos podemos hallar un fundamento firme en estas verdades teológicas. Estas no eliminarán el dolor ni cambiarán lo que nos acontece, pero sí traerán descanso y confianza al alma angustiada.


[1] Paul David Tripp, Suffering: Gospel Hope When Life Doesn’t Make Sense, 48.

[2] Louis Berkhof, Systematic Theology, 53.

[3] John MacArthur, Teología Sistemática, 190-192.

[4] John Piper, Suffering and the Sovereignty of God, 19.

[5] Piper, Suffering and the Sovereignty of God, 22.

[6] Tripp, Suffering: Gospel Hope When Life Doesn’t Make Sense, 169.

[7] A. W. Pink, The Sovereignty of God, 190.

[8] Berkhof, Systematic Theology, 55.

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