¿Quién es el personaje principal de la Biblia?

Para el cristiano no solo es importante leer la Biblia, sino también cómo leerla. Un enfoque errado puede llevar a que perdamos de vista lo primordial y pongamos un excesivo énfasis en lo secundario o lo irrelevante. Ajustar nuestro enfoque puede revolucionar la manera en que estudiamos las Escrituras y llevarnos a profundizar en nuestra relación con Dios.

Cuando leamos la Biblia, ante todo es importante tener presente que la Biblia no es una recopilación de historias desconectadas. La Biblia, a pesar de estar compuesta de varios relatos y episodios, es un solo libro. Este libro relata una historia y se centra en una persona. Toda la Biblia, desde Génesis al Apocalipsis, habla de como Dios a través de Jesucristo está redimiendo a su creación por amor a su gloria. En otras palabras, el tema principal de la Biblia es Jesús y su evangelio. Ninguna parte, ni siquiera del Antiguo Testamento, se lee ni se entiende adecuadamente hasta que nos lleve al Señor Jesucristo y su obra.

La narrativa de la Biblia es una revelación progresiva. En Génesis nos muestra la necesidad que tenemos de un salvador y también nos otorga la promesa de la venida de Jesús. En todo el Antiguo Testamento observamos una expectante espera y la preparación para la llegada del Redentor. Hasta que finalmente, tras más de mil años de espera, Dios hecho hombre, Jesús, vino a la tierra. Tras su llegada, observamos sus milagros, sus enseñanzas, su ministerio, su vida perfecta. Luego viene el clímax, el punto de mayor intensidad, pareciera que en la cruz nuestro héroe habría de ser derrotado. Sin embargo, nuestro majestuoso héroe resucitó al tercer día, para luego ascender a los cielos, no sin antes prometer regresar a la tierra y estar con nosotros por la eternidad. De tapa a tapa la Biblia nos relata esta historia.

Dios es el principal protagonista y único héroe de la Biblia. Todo lo escrito gira alrededor de Él. Y he aquí uno de nuestros principales problemas al leer la Biblia: Con frecuencia nos insertamos en la narrativa bíblica y hacemos de nosotros el héroe o centro de la historia. Estamos tan obsesionados en encontrarnos en el texto bíblico que con frecuencia perdemos de vista el punto principal del texto. Por ejemplo, al leer la historia de David y Goliat, algunos se posicionan en el rol de David y afirman que vencerán al «Goliat» de su vida. Otros más osados hablan de los «Judas» en su vida y las dolorosas traiciones que han sufrido. Este tipo de interpretaciones hace que la Biblia gire alrededor de nuestra vida, nuestros problemas, nuestra comodidad, nuestros placeres, nuestros deseos, etc. Esta manera de leer la Biblia es errada, malsana y sumamente narcisista. Si realmente queremos encontrarnos en la Biblia, reconozcamos que somos siempre los pecadores necesitados de un redentor, no los héroes de la historia.

No nos gusta admitirlo, pero los seres humanos somos por naturaleza criaturas narcisistas. Además de nacer con una naturaleza caída, hemos crecido en una cultura humanista donde reina el «dios Yo», esto ha potencializado esta terrible tendencia egocéntrica en todos nosotros. Sin darnos cuenta traemos este trasfondo a nuestra vida cristiana. Convertimos a Dios en un actor secundario en la película de nuestra vida. Cuando en realidad nosotros, por la eterna gracia de Dios, hemos sido invitados a Su Historia. No se trata de nosotros. Es Su historia. Él es el protagonista principal y nosotros los actores de segundo plano. No podemos alterar estos roles.

Aunque es cierto que la Biblia nos presenta ejemplos y reglas a seguir, la Biblia es mucho más que una serie de ejemplos a imitar, reglas para obedecer o principios para aplicar. No importa en que página o sección de la Biblia te detengas, de una u otra manera aquella porción estará conectada al tronco principal de las buenas nuevas de lo que Dios está haciendo en el mundo.

Considero que cuando adquirimos un entendimiento de los propósitos generales de Dios a través de la historia redentora presentada en la Biblia estamos mejor equipados para entender porciones individuales y relatos específicos. Profundizar en el estudio del gran panorama de la Biblia nos permitirá entender cómo cada una de sus partes encajan en el rompecabezas de la historia redentora.

Al leer historias como la de David y Goliat, el paso de José por Egipto, o el momento en que Abraham casi sacrifica a su hijo, preguntémonos las siguientes preguntas: ¿Cómo encaja este episodio dentro de la gran historia bíblica? ¿Qué nos revela acerca de Dios? ¿Cómo apunta a Jesús? ¿Cómo se conecta al evangelio? Luego de esto podemos proceder a hacer una aplicación a nuestras vidas, pero nunca pasemos por alto darle a Dios el rol principal en nuestro estudio de la Biblia. Sé que responder a estas preguntas no siempre será fácil, pero contamos con el Espíritu que inspiró las Escrituras. También contamos con la asistencia de maestros fieles a la Palabra de Dios y numerosos recursos externos de suma utilidad (Biblias de estudio, comentarios bíblicos, libros de hermenéutica, etc.)

Es mi oración que cada uno de nosotros podamos contemplar la gloria de Dios en cada página de nuestras Biblias, en cada historia, en cada porción; y que esto produzca en nosotros una profunda y ferviente adoración. Si nuestra lectura de la Biblia no produce adoración, es necesario reevaluar nuestro enfoque al leerla. Quitemos los ojos de nosotros mismos y coloquemos nuestra mirada en Dios. Deleitémonos en Él y en su gloriosa historia de redención.

«Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén». (Lucas 24:44-47)


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