¿Debe una iglesia local ser pastoreada por solo un pastor?

«¿Debe una iglesia local ser pastoreada por solo un pastor o por un equipo pastoral?». Esta pregunta salió a flote hace unos días durante una conversación con un amigo. Motivado por esta conversación me dispuse a escribir este artículo.[1]

Para entender el parámetro que delinea la Biblia sobre este tema, es pertinente iniciar con un breve estudio de los nombres que utilizan los autores inspiradores para referirse a los pastores. Las palabras anciano (presbúteros), obispo (epískopos) y pastor (poimen) son usadas en el Nuevo Testamento para hablar de quienes pastorean la Iglesia de Cristo. Estos nombres no hablan de posiciones o roles distintos, más bien, son utilizados de manera intercambiable para referirse al mismo rol (Hechos 20:17, 28; Tito 1:5-7, 1 Pedro 5:1-5). Los tres son títulos descriptivos que se relacionan con el mismo oficio pastoral que abarca la predicación, enseñanza, supervisión y pastoreo de la grey de Dios.

Además de esto, nuestro estudio de la estructura de la iglesia local nos revela que en la Iglesia primitiva solo existían dos oficios: los pastores/ancianos/obispos y los diáconos.[2]

«Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús: A todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, incluyendo a los obispos y diáconos». (Filipenses 1:1)

Con esta información en mente podemos ahora examinar la pregunta inicial: «¿Debe una iglesia local ser pastoreada por solo un pastor o por un equipo pastoral?». Aunque no existe un mandamiento o instrucción bíblica que directamente responda a nuestra inquietud, en el Nuevo Testamento observamos un patrón bastante consistente de ancianos plurales como el grupo principal gobernante de toda iglesia local. Ningún pasaje bíblico sugiere que alguna iglesia, por pequeña que fuese, fuera liderada por solo un pastor o una pareja casada.

Desde el tiempo de su primer viaje, el procedimiento normal del apóstol Pablo fue establecer un grupo de ancianos en cada iglesia.

«Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído». (Hechos 14:23)

«Y desde Mileto mandó mensaje a Éfeso y llamó a los ancianos de la iglesia». (Hechos 20:17)

«Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé». (Tito 1:5)

Además de Pablo, Santiago, Pedro, Lucas y el autor de Hebreos confirman el mismo patrón: toda iglesia tenía ancianos gobernándola y cuidando de ella (Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1-2, Hechos 15:2, Hebreos 13:17). El patrón es claro y consistente. Opino que este patrón fue establecido por Dios por amor a los pastores y a los demás miembros de la Iglesia. Y aunque la Biblia no elucida las razones que avalan este modelo, me atrevo a presentar algunos de sus principales beneficios.

Repartir las cargas: Pastorear una iglesia local implica varias facetas, cumplir fielmente con todas no es tarea sencilla. Trabajar en equipo permite que entre varios pastores se deleguen las responsabilidades pastorales. Esto permite que el pastor se desgaste menos y no descuide su propia vida espiritual o a su familia.

Los pastores son también pastoreados: Los pastores también necesitan ser pastoreados, recordemos que el pastor nunca deja de ser oveja. El pastor necesita personas que le corrijan, exhorten, animen, enseñen, etc. Donde existe una pluralidad de ancianos ellos se pastorean los unos a los otros.

Rendir cuentas: El pastor necesita someterse y rendir cuentas a otros. El pastor debe rendir cuentas sobre su vida personal, el manejo de su hogar, su trato a la congregación, su manejo de la Palabra de Dios, etc. Lo ideal es que a quienes el pastor rinda cuentas sean personas que trabajen y vivan cerca a él.

Diversidad de dones: Dios ha dotado a cada creyente con diversos dones. Lo mismo sucede con los pastores, cada uno de ellos tiene diferentes dones, habilidades y fortalezas. Al tener varios pastores, ellos se pueden complementar y servir de manera más completa y eficiente a la grey de Dios.

Sabiduría: En el ministerio pastoral el pastor se encontrará con un sinnúmero de situaciones en las que necesitará de las experiencias y conocimientos de otros. Nadie, por más sabio que sea, tiene todas las respuestas. Recordemos que en la multitud de consejeros hay sabiduría.

Aplaca el orgullo: En alguna ocasión Agustín de Hipona expresó que «el orgullo es el pecado básico en el ser humano». Los pastores no están exceptos de ser tentados en este aspecto, todo lo contrario, pocos grupos de personas son más tentados en esta área que los pastores. El pastor que trabaja solo está más propenso a vanagloriarse de lo obtenido bajo su liderazgo y dar rienda suelta al orgullo.

Estos son solo algunos de los motivos por los cuales este modelo es beneficioso. No obstante, el mayor argumento a favor de este modelo se halla en que las Escrituras lo respaldan. Dios ha provisto a la iglesia de una estructura básica a la que debemos adherirnos. Toda iglesia local debe aspirar a ser pastoreada por un equipo pastoral que pastoree bajo la autoridad de la palabra de Dios y Jesucristo, quien es la cabeza eterna de la Iglesia.[3]

 


[1] Este es un tema en el que por la gracia de Dios he podido profundizar en el último año. Estos son algunos de los recursos que me han ayudado en el estudio de esta temática: Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica, El Ministerio Pastoral: Cómo pastorear bīblicamente, Finding Faithful Elders and Deacons (proximamente en español), publicaciones en línea del ministerio 9Marcas.

[2] Después del segundo d.C. siglo en algunos sectores del cristianismo se comenzó a utilizar la palabra «obispo» para referirse a un individuo con autoridad sobre varias iglesias. Sin embargo, en la Biblia no observamos que este término sea utilizado de esta manera.

[3] No debemos apresurarnos a nombrar a cualquiera como pastor o anciano, la Biblia presenta en Tito 1:6-9 y 1 Timoteo 3:1-7 los requisitos básicos para ejercer en este oficio. Es entendible que una iglesia local en sus inicios tenga un solo pastor. Sin embargo, toda iglesia debe aspirar a formar o reclutar pastores para establecer una pluralidad de ancianos en un futuro no muy lejano.

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