La locura de la cruz

La imagen que observas es un grafito que data de finales del segundo siglo, esta imagen es considerada la representación más antigua de Jesús en la cruz. Esta caricatura ridiculiza la idea de adorar a un hombre crucificado. Sobre la cruz figura un hombre con cabeza de asno, mientras que al lado izquierdo se vislumbra una persona con un brazo levantado en actitud de adoración. Al pie del dibujo se hallan las palabras «Alexamenos adora a [su] dios»[1]. Alexamenos, un cristiano de aquella época, era aparentemente el blanco de las burlas de sus contemporáneos. Él, junto a miles de cristianos más, frecuentemente eran sometimos al escarnio publico.

Para los habitantes del mundo primitivo adorar a un ser crucificado era absurdo. La crucifixión era el método más infame de ejecución, su uso estaba reservado para los peores criminales, los esclavos y los bárbaros. Para la gran mayoría era inconcebible que Dios hecho carne, el Mesías, el Rey de los cielos, pudiera ser humillado de esa manera. La cruz de Cristo era una idea descabellada, insólita, grotesca, ridícula… Hoy en día, poco a cambiado, los «intelectuales» modernos tildan a los cristianos de tontos y dementes por creer en el Cristo crucificado.

Sin embargo, esto no nos debería sorprender, el apóstol Pablo divisó que «la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios»[2]. La predicación del Cristo crucificado ha sido, y siempre será, una idea loca e insensata para el mundo. No importa cuantas generaciones pasen, la noción de un Dios clavado a una cruz siempre será rechazada por la opinión pública.

Algunos escépticos profesan aceptación hacia la persona de Jesús, admiran su record intachable, sus profundas enseñanzas, su genuino amor por el prójimo, sus afables cualidades, no obstante, se retuercen ante la predicación de la cruz. ¿Será qué para atraer a estos individuos a Cristo podemos dejar a un lado la cruz y enfocarnos en los aspectos de Jesús que ellos están dispuestos a aceptar? La respuesta es ¡no!, un rotundo no, la cruz no es negociable. A pesar de la gran importancia de la enseñanza de Jesús, de su ejemplo, de sus milagros y de sus obras de compasión, ninguno de estos aspectos ocupaba el lugar central de su misión[3]. La fe cristiana se centra en la muerte y resurrección de Jesucristo[4]. Este es el corazón del cristianismo.

«Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué[a], el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras». (1 Corintios 15:1-4)

Me temo que la cruz aun sin ser abandonada del todo corre el peligro constante de ser apartada del lugar central que debe ocupar en nuestras vidas y congregaciones[5]. La Iglesia con frecuencia se ve tentada a reemplazar la cruz por temas que son más agradables al paladar de nuestra sociedad. Prosperidad, psicología, política, humanismo, entre otros. Estos han desviado nuestra mirada del Calvario, lugar donde el santo de los santos se hizo maldito para que millones de pecadores fueran redimidos de sus pecados y declarados justos delante de su Creador.

«Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él». (2 Corintios 5:21)

«Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero)». (Gálatas 3:13)

Para el verdadero cristiano la cruz de Cristo no puede ser algo distante o trivial, más bien, debe ser una experiencia personal diaria que lleva a una vida de adoración a Cristo. Es imposible que la persona que entiende lo ocurrido en la cruz no sea transformada. Allí Dios alteró el rumbo de la humanidad y de nuestras vidas. Por eso incluso en la eternidad, la adoración celestial se centrará en la obra redentora de nuestro Señor.

«Y cantaban un cántico nuevo, diciendo:Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación». (Apocalipsis 5:9)

«Decían a gran voz:El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza». (Apocalipsis 5:12)

Hoy y siempre meditemos en su obra redentora. Ruego a Dios que al igual que Alexamenos cada uno de nosotros respondamos con adoración al contemplar la cruz de Cristo. No hay otra respuesta apropiada, solo adoración eterna al Cordero que fue inmolado.


[1] John R. W. Stott, La Cruz De Cristo (Buenos Aires: Ediciones Certeza, 2008), 32. Durante los primeros siglos se acusaba a los cristianos y judios de adorar asnos, pero no sabemos con certeza el motivo de esta extraña creencia.

[2] 1 Corintios 1:18

[3] Stott, La Cruz De Cristo, 41. 

[4] La cruz va de la mano de la tumba vacía, miles de personas murieron en una cruz pero lo que da un valor singular e infinito a la cruz de Cristo es que nuestro Señor fue el único hombre crucificado en la historia que logró resucitar. Si Cristo no hubiera resucitado, sería uno más de los miles de crucificados que se perdieron en el anonimato.

[5] Donald A. Carson, La Cruz Y El Ministerio Cristiano (Barcelona: Andamio, 2011), 26.

 

 

 

 

 

 

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