¿Conoces el Evangelio?

La palabra evangelio proviene de un vocablo griego que significa “buena nueva”. El evangelio es una declaración, un mensaje, una noticia. Este mensaje es el corazón del cristianismo. Toda la Biblia de manera directa o indirecta apunta a esta noticia. Para entender este mensaje, es importante centrarnos en 4 puntos principales: Dios, el hombre, Cristo y la respuesta. Les invito a que brevemente examinemos estos aspectos.

  1. Dios

Para empezar, es imperativo que recordemos que Dios es el creador de todo el universo. Él nos creó, y por esa razón nosotros le pertenecemos, nos debemos a Él, somos suyos, no somos autónomos. Dios tiene toda la autoridad de decirnos como vivir, Él es Dios y Señor de todos.

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. (Génesis 1:26-27)

Aquí también es clave resaltar un aspecto determinante del carácter de nuestro Creador: Dios es amor, pero también es santo y justo. Esta verdad no se puede ignorar. Dios es santo y justo. Él no tolera la maldad y no puede pasar por alto el pecado.

“Los que se ensalzan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad”. (Salmos 5:5)

  1. El hombre

Nos gusta creer que somos “buenas personas” pero la realidad es que nacemos con una naturaleza inclinada al mal, un corazón corrupto, perverso y rebelde (Jeremías 17:9, Mateo 15:19, Efesios 2:3, Romanos 8:7).

Empezando desde Adán y Eva, hasta llegar a nosotros, todo ser humano ha pecado. Todos hemos obrado en contra de lo que Dios estableció. Todos hemos rechazado la autoridad de Dios sobre nuestras vidas. No le hemos honrado como rey y dueño de nuestros corazones.

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. (Romanos 3:10-12)

Los dos primeros puntos nos llevan a una conclusión bastante desesperanzadora: Somos culpables y debemos rendir cuentas a Dios, quien es santo y justo. Estas no son “buenas nuevas”, sin embargo…

  1. Cristo

Por su gran amor Dios obró para salvar a pecadores como tú y yo. Dios Padre envió a Dios Hijo para salvarnos de la condenación eterna. Dios se hizo hombre y recibió nuestro castigo en la cruz. Él vivió una vida sin pecado, sin embargo, cargó con el peso aplastante de nuestro pecado. La sangre del Cordero nos limpió y eliminó totalmente nuestra deuda. Pero no termina ahí, nuestro Cristo resucitó entre los muertos y se elevó victorioso a los cielos. Este es el evangelio: Jesús y su obra (encarnación, muerte y resurrección). No hay mejor noticia que esta.

“Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que se apareció a Cefas y después a los doce;”  (1 Corintios 15:1-5)

  1. La respuesta

¿Cómo responderemos a esta maravillosa noticia? La Biblia nos describe claramente cual es la respuesta que Dios espera de nosotros.

“Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio”. (Marcos 1:14-15)

“Testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”. (Palabras del Apóstol Pablo en Hechos 20:21)

Arrepentimiento y fe, esa es la respuesta que Dios desea. La Biblia no nos habla de repetir una oración mágica, tampoco nos dice que debemos recibir a Cristo en el corazón para ser salvos[1], lo que nos demanda es creer y arrepentirnos. El arrepentimiento y la fe son necesarios e inseparables. En nuestra época se habla mucho de la fe, pero muy poco del arrepentimiento. A la luz de la Biblia, toda exposición del evangelio que no habla de arrepentimiento es una exposición incompleta y superficial.

El arrepentimiento implica experimentar convicción de pecado, percibir el peso desolador de nuestra maldad, acompañado de un anhelo sincero de renunciar y huir del pecado y nuestra vana manera de vivir. El arrepentimiento conlleva un cambio de dirección en nuestras vidas y va ligado a la férrea decisión de amar a Dios más que al pecado. En arrepentimiento damos la espalda al pecado y en fe corremos a los brazos abiertos del Cristo crucificado. Nos entregamos a Él, nos rendimos a Él, descansamos en Él. Por fe creemos que su obra es suficiente para nuestra salvación y confiamos plenamente en que su récord perfecto será imputado a nosotros para así poder ser hallados justos delante de Dios. [2]

Este arrepentimiento y fe en Jesús y su obra, produce una conversión que indefectiblemente se evidencia en una vida transformada y abundante fruto espiritual. Hoy pido a Dios que abra los ojos de muchos que aún no han contemplado la belleza de Su persona y el poder de Su evangelio. En especial oro por aquellos que se congregan y sirven semana a semana y que todavía no han experimentado el arrepentimiento que lleva a vida eterna. Por mucho tiempo ese fue mi caso y sé que muchos en la actualidad viven esa dolorosa realidad.

Les invito a meditar hoy, y todos los días, en Cristo y su evangelio.


Si te interesa este tema te recomiendo estos recursos que tratan esta temática de manera concisa y clara: ¿Qué es el Evangelio? / El Evangelio

[1] Apocalipsis 3:20 va dirigido a creyentes de la iglesia de Laodicea que han descuidado su comunión con Dios, no es un texto dirigido a un público no creyente. No es apropiado utilizar este versículo ligado a la presentación del evangelio.

[2] Aquí cabe detallar que la muerte y resurrección de Cristo va mucho más allá de simplemente librarnos de la condenación. Su obra nos hace participes de Su reino y abre paso a una nueva tierra, una creación totalmente renovada. Allí, por su gracia disfrutaremos de Él y de una nueva creación donde no existirá el pecado, el dolor, ni la muerte. Prometo que en futuras publicaciones explicaré de manera más detallada este punto.

 

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